Esta semana, el circuito de Las Américas en Austin recibió su primera capa de asfalto y con ello se inició la parte final de la construcción del complejo. Los norteamericanos están tomando muy en serio su nueva incursión en la Fórmula 1, ya que no desean repetir los errores que han dificultado la aceptación de esta vertiente del deporte motor en los EEUU. Con la llegada del Gran Premio a Texas, los Estados Unidos habrán organizado carreras de Fórmula 1 en diez sedes distintas (serían once si contamos por separado las dos variantes de Indianápolis). Ningún otro país ha tenido carreras de la máxima categoría en más de siete circuitos diferentes, ni siquiera aquellos que han acompañado a la Fórmula 1 desde sus inicios (en la Gran Bretaña se ha corrido en 4 circuitos y en Italia en solo tres, por ejemplo).

Tantas sedes distintas juegan en contra de la identidad de una carrera (¿quién piensa en algo distinto a Spa cuando escucha las palabras Gran Premio de Bélgica?), así que esperemos que esta sea la buena y Austin se convierta en un buen hogar para el Gran Premio de los EEUU por varios años. Apropósito de esta peculiar situación, vamos a recordar las nueve sedes previas de Grandes Premios en los Estados Unidos, repasando algunos de sus momentos memorables y las razones por las que salieron del calendario.

Indianápolis (1950-1960, 2000-2007)


Para finales de los 40s, las 500 millas de Indianápolis ya eran una prueba con gran tradición en el calendario del automovilismo. Gracias a su prestigio, la edición 34 de la carrera norteamericana fue incluida en el primer Campeonato Mundial en 1950. A primera vista nada podría salir mal, la combinación de la carrera más famosa de América con los mejores pilotos del mundo sonaba como una receta perfecta. Desafortunadamente, como suele pasar con la relación EEUU-F1, las cosas no salieron de acuerdo a lo planeado.
A pesar de la importancia de la carrera, el que se corriera en un óvalo y con reglas diferentes al resto de la pruebas del mundial hizo que ninguno de los pilotos que participaban en las rondas europeas se animara a cruzar el charco para competir. El desprecio de los pilotos europeos por la prueba americana continuó en las temporadas siguientes y apenas un piloto (uno solo!) no estadounidense tomo la salida en alguna de las 11 ediciones en las que la Indy 500 formó parte del Mundial (Alberto Ascari en 1952). Ante esta situación, para la temporada de 1961 la carrera fue eliminada del calendario de la F1. Irónicamente, apenas unos años después de su salida de la Campeonato del Mundo, las 500 millas de Indianápolis comenzaron a cautivar a algunas de las más grandes estrellas de la Fórmula 1 de los sesentas, que buscaron los huecos en los calendarios (mucho más permisivos que los actuales, por cierto) para correr en la mítica Brickyard, pero eso es materia de otra nota.

En contra de todo pronóstico, La Fórmula 1 regresaría al Indianapolis Motor Speedway 40 años después, aunque ya no se correría sobre el imponente óvalo de 2.5 millas, sino en un trazado que corría por el interior del óvalo y que hacía uso de la recta de boxes y de la primera curva del circuito original. La primera edición del Gran Premio de los Estados Unidos en Indy fue un éxito en la taquilla, atrayendo una multitud de más de 250 mil personas solo en el día de la carrera. Deportivamente hablando, la carrera no tuvo el mismo lustre.

A pesar de su interminable recta, las maniobras de adelantamiento en el circuito probaron ser difíciles, incluso para los estándares de principios de este siglo. Para terminar de matar al espectáculo, las Ferrari de Michael Schumacher y Rubens Barrichello estuvieron muy por delante de la competencia y consiguieron un sencillo 1-2. La situación no cambiaría en los años siguientes y los norteamericanos verían como (casi) siempre, un Ferrari manejado por Schumacher sería el primer coche en cruzar la meta (Ferrari ganaría 6 de 8 carreras). Lo poco entretenido de la prueba comenzó a alejar a las audiencias y jamás se volvieron a registrar entradas similares a las vistas en la edición inaugural. Para 2006, apenas unos 100 mil asistentes vieron la quinta victoria de Schumacher en Indy, y en mi opinión fueron muchos, después del fiasco de la carrera de seis coches en 2005. El poco interés de los americanos por la prueba terminó por enterrarla y en 2007 se anunciaba que la Fórmula 1 no regresaría a los EEUU en la siguiente temporada.

Sebring (1959)

Ante la falta de interés que despertaba entre los regulares de la categoría las 500 millas de Indy, los organizadores del campeonato buscaron desde finales de los 50s una prueba sobre un circuito permanente que pudiera tomar la posta como el Gran Premio de los Estados Unidos. El primer intento de este tipo se llevó a cabo en 1959, sobre el trazado de Sebring en la Florida. A diferencia de lo que ocurría en Indianápolis, a la única edición del Gran Premio de los EEUU en Sebring sí que se dieron cita las estrellas europeas, aunque serían dos pilotos de Oceanía los que brillarían ese día. Hablamos del australiano Jack Brabham, quien se aseguraba el campeonato con un cuarto lugar en la carrera y del neo zelandés Bruce McLaren, quien se convertía en el piloto más joven en ganar una carrera de Gran Premio.

Justo al contrario de lo que ocurrió con el segundo intento de Indianápolis en la F1, la carrera en Sebring fue un éxito deportivo pero una catástrofe económica. En una época donde las finanzas de los organizadores dependían casi exclusivamente de las entradas del público a los circuitos, el poco interés que la carrera despertó entre los aficionados dejó a los responsables en números rojos. Si las carreras de F1 iban a sobrevivir en EEUU, se deberían acercar a un público con más interés. La búsqueda por los aficionados continúo al año siguiente, a casi 4 mil kilómetros de Florida.

Riverside (1960)

El Gran Premio de lo EEUU se trasladó desde la costa este en florida, hasta el otro extremo del país en Riverside California. Se esperaba que la cercanía del trazado con al área metropolitana de Los Ángeles (menos de 80 kilómetros) mejoraría la venta de boletos, que en Sebring había sido muy baja. Desafortunadamente, el interés del público fue de hecho menor y apenas unas 25 mil personas se dieron cita para presenciar la última prueba de un campeonato para entonces ya decidido. La carrera, que ganaría Stirling Moss, no fue en absoluto mala, pero ni ello animó a los organizadores a intentar una nueva carrera en California el año siguiente.

Para 1960, los EEUU ya habían intentado echar a andar su Gran Premio de casa en tres sedes distintas con muy poco éxito. En 1961 finalmente encontrarían un circuito que parecía el correcto, una sede que (en mi opinión, al menos) siempre debió ser el hogar de la carrera norteamericana: Watkins Glen, pero de ello hablaremos el día de mañana.