Llegado el parón veraniego, es momento de hacer balance del camino andado durante la primera mitad de la temporada. Luis Pérez-Sala y Pedro Martínez de la Rosa, los dos pilares fundamentales de la apuesta HRT, pueden sacar una lectura positiva viendo lo que han construido en apenas unos meses. Y es que los inicios del primer equipo español de Fórmula Uno no fueron fáciles...

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Vale que sus carreras se limitan a una lucha constante por no ser los últimos en parrilla y que ni siquiera han rozado los puntos en alguno de los 11 grandes premios disputados hasta ahora en 2012... pero aunque no lo parezca, realmente HRT ha crecido y ha mejorado mucho desde que hace poco más de un año la empresa Thesan Capital decidiera hacerse con la propiedad del entonces denominado equipo Hispania. Desde entonces, se ha producido una transformación completa que no se aprecia desde la superficie, pero que apuesta por un cambio desde la base del proyecto, empezando por la estructura, la organización y lo más importante: la identidad.

En HRT se ha producido una transformación de fondo y el impulsor ha sido el jefe del equipo, Luis Pérez-Sala, que entró en este proyecto hace un año, no sin importantes reservas. Y es que como bien ha relatado el propio Luis al diario español El Pais, su primera toma de contacto con la anterior Hispania no fue muy satisfactoria. Fue en un encuentro con el equipo, en Silverstone en julio de 2011, cuando Pérez-Sala asumió que los comienzos iban a ser realmente difíciles.

Lo que vi en Silverstone no me gustó. Era un desastre total: no había ninguna organización, ni credibilidad, ni investigación aerodinámica. No tenían sede, ni identidad... Todo estaba subcontratado. Cada técnico vivía en un sitio. Decían que era un equipo español, pero no había nada español.

De esa escudería sin criterio ni organización y al borde de la bancarrota, Pérez-Sala soñó con construir algo sólido, con visión de futuro y cien por cien español. Y en ello está... porque como ya adelantamos a principio de temporada, HRT es un proyecto que no entiende de plazos cortos, sino de la seguridad de construir, poco a poco y con paciencia, una escudería que en un futuro pueda ser grande. Con esos objetivos, parece inevitable que los caminos de HRT y Pedro Martínez de la Rosa acabaran unidos. Porque ningún piloto es mejor que el español en el trabajo de desarrollo -ése que se hace más fuera de la pista que dentro y en el que piloto e ingenieros trabajan codo con codo- y porque ambos, piloto y escudería, comparten aspiraciones. Por eso, no es de extrañar que, como relata Luis Pérez-Sala, el catalán se haya convertido en un pilar fundamental dentro del equipo.

Estaba claro que Pedro tenía que estar con nosotros. Es español, tiene experiencia y es honesto. Lleva más de diez años en la Fórmula Uno, conoce a todo el mundo y sabe cómo desarrollar un coche con los mecánicos y los ingenieros. Aporta mucho como piloto, pero tenerle a nuestro lado nos ayuda además a crecer, a seguir un plan sin ir dando palos de ciego.

Por su parte, la apuesta de Pedro de la Rosa también fue arriesgada, pues debía abandonar un trabajo cómodo y seguro como piloto probador de la escudería McLaren, donde -para colmo- le pagaban el doble de lo que cobra ahora. Pero el español tenía ganas de correr, y aunque en cada gran premio tiene que lidiar con un monoplaza muy deficiente, en las palabras del piloto se adivina la satisfación de ver crecer un proyecto desde cero. Él, como nos ha pasado a todos, también tenía sus dudas y ciertos miedos cuando se embarcó en esta aventura el año pasado.

Ellos llevaban en la Fórmula Uno dos años y, sin embargo, no era un proyecto serio. Tenían una muy mala estructura que era difícil de cambiar. No me fiaba; pero cuando vi que Luis (Pérez-Sala) estaba allí, me dio que pensar... Luego me dieron algunos buenos argumentos: que un piloto español volviera a correr con un equipo con licencia española, jefes españoles y mecánicos e ingenieros españoles. También me gustó la idea de estar aquí (en España), no en Inglaterra, donde están los demás equipos. Crear algo distinto y que esa estructura se quedase en España... sonaba bien.

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Ha pasado un año desde entonces, y parte del sueño se ha cumplido. El equipo ya parece un equipo, tiene su sede en la Caja Mágica de Madrid y continúa en su camino de convertirse, verdaderamente, en un producto nacional (ingenieros y mecánicos, en su mayor parte, son españoles). HRT ha ganado peso, confianza y seriedad, pero aún carece de muchas cosas... Con un presupuesto de 50 millones de euros -siete veces más pequeño que el de los equipos más grandes, y la mitad que el de su rival inmediato, Caterham-, carecen de todos los medios y tecnologías necesarias para lograr un buen desarrollo del monoplaza, hasta ahora, un desastre aerodinámico; y sus limitaciones económicas les lastran en un deporte donde el dinero juega cada vez un papel más fundamental.

A todas luces, este año no podemos esperar nada brillante, ni siquiera medianamente aceptable, del equipo F112, pero ya se ha conseguido algo y, siempre con la mirada puesta en el futuro, se puede decir que HRT va por el camino correcto. Con esto presente, el equipo ya se ha puesto en marcha para dar el siguiente paso: conseguir financiación. Los escasos resultados hacen difícil el obtener patrocinadores, pero con Narain Karthikeyan en sus filas, la escudería emprende el camino para acercarse a los lucrativos mercados de India y China (ya están trabajando con el que será el primero piloto chino de la historia de la Fórmula Uno, Ma Qing Hua). Según los propios ejecutivos de la escudería, dentro de tres años esperan haber obtenido patrocinadores y empezar ganar dinero... después, ya sabemos lo que viene: un mejor coche y la oportunidad de soñar, por fin, con una escudería española en lo más alto de la Fórmula Uno.