Hoy se cumplen 24 años del adiós a Enzo Ferrari, el fundador de la marca más reconocida dentro y fuera de los circuitos. Falleció un 14 de agosto de 1988 dejando atrás un trabajo marcado por la determinación y la visión de futuro.

Enzo Ferrari

Lo bueno que tiene el conocimiento, el exprimir un campo al máximo de tu capacidad, el sumergirte en él hasta lo profundo, es que te da una visión de él que nadie tiene y la capacidad para amarlo y, a la vez, temerlo. Los que aman el mundo del motor, los que lo conocen bien, saben de lo que hablo. Porque una postura inteligente ante cualquier versión automovilística, ante cualquier competición, es ésa en la que caben a partes iguales pasión y respeto... esto, elevado a la máxima potencia, es lo que dio lugar a una mente carismática e imaginativa que supo construir y dar forma a un proyecto sólido donde los haya: Enzo Ferrari.

No hay mejor carta de presentación para este hombre –nacido en Módena un 18 de febrero de 1898- que su legado, la marca Ferrari, que hoy no es sólo un nombre respetado por todos en el mercado y en la competición, sino que prácticamente –y sobre todo en su país natal, Italia- llega a ser una filosofía de vida. Los aficionados de Ferrari saben hacer suyo un símbolo, el cavallino, que incluye desde su creación un gran componente de respeto. ¿Sabéis dónde está el origen de este emblema? Pues nada más y nada menos que en los aviones de la I Guerra Mundial. El famoso caballo era la imagen que iba pintada en el fuselaje del caza que pilotaba Francesco Baracca, un heroico piloto caído en Montillo, cuya madre tuvo un encuentro con Enzo Ferrari. Ella fue quien le pidió que incorporara en sus coches el cavallino rampante de su hijo en señal de fortuna y Enzo siguió su consejo aunque haciendo algunas modificaciones: colocó de fondo el amarillo, color local de Módena; y coloreó de negro la imagen del caballo (inicialmente blanco) en señal de luto por los aviadores fallecidos durante la Guerra. scuderia-ferrari

Pero el escudo fue quizás la última pieza de un proyecto que había comenzado a gestarse muchos años antes... puede que en la infancia del propio Enzo que, desde muy pequeño, estuvo muy ligado al mundo de los automóviles. La pasión que se despertó dentro de Enzo por la competición y las carreras hizo que su padre decidiese enviarle a una escuela de ingeniería mecánica, aunque algunos años más tarde, cuando Enzo se metió de lleno en este mundo, lo hizo a los mandos de un volante. Probó la velocidad por un tiempo y por su cuenta, pilotando un Alfa Romeo que se había comprado él mismo y que, como más tarde reconoció, le hizo pasar mucha hambre. Y ya cuando decidió emprender su propio equipo en 1929 nació la Scuderia Ferrari tal y como hoy la conocemos, aunque en los primeros años era la división de carreras dentro de la marca Alfa Romeo.

El sueño de la Scuderia fue creciendo y construyéndose a base del esfuerzo y genialidad de Enzo, que se involucró hasta tal punto que los éxitos y fracasos del proyecto se cobraron su rédito en la personalidad y el espíritu de su fundador. Valiente, exigente e inconformista en la parte creativa, y un tanto temeroso del fracaso en lo deportivo... Una de sus frases más recordadas fue cuando dijo:

¿Les gustaría ver cómo uno de sus hijos se rompe una pierna o se estrella contra un árbol? ¿Verdad que no? Pues por eso no veo carreras.

Enzo-Ferrari-with-Nikki-Lauda-and-Luca-id-Montezemolo

Y es que Enzo Ferrari no volvió a asistir a una carrera en la que participara uno de sus monoplazas después de que el Ferrari que supuso el debut de la marca en competición (en Piacenza, en 1947) se rompiera a sólo tres vueltas del final. Fue, lo que el propio Enzo calificó de "fracaso prometedor". Y resultó ser un visionario, porque lo que ha venido después ha sido una historia plagada de éxitos.

Como ingeniero, como diseñador de máquinas, Ferrari fue rompedor y nunca quiso dejar de lado, con cada coche, su pasión por las carreras y su obsesión por la velocidad. De ahí que su mayor contribución a la Fórmula Uno fuera presentar autos con potencias nunca antes vistas en este deporte. Algunas de las consecuencias que esto trajo fueron verdaderamente trágicas y le recordaron a Enzo -si es que acaso en algún momento lo llegó a olvidar- que el de las carreras es un mundo peligroso que a veces puede resultar mortal. Ferrari lo tuvo muy presente cuando decidió no volver a correr después de que naciese su hijo Dino y, más tarde, cuando Alfonso de Portago (primer español que corrió en la Scuderia) perdió el control de su potente monoplaza durante la celebración de la Mille Miglia de 1957 y se fue hacia la zona donde se encontraba el público. El accidente tuvo un desenlace fatal, con 15 personas muertas -incluido el propio Marqués de Portago-, y Enzo tuvo que enfrentarse a una acusación por homicidio sin premeditación.

Los cargos se retiraron varios años después, pero supuso un duro golpe para Enzo... uno de los muchos que sufrió a lo largo de su vida. Se caracterizó en sus últimos años por su visión de la vida un tanto amarga y atormentada; la que le quedó después de que su hijo Dino muriera a los 24 años a causa de una distrofia muscular, un hecho que nunca llegó a superar. Enzo nunca fue capaz de ver y reconocer sus éxitos como algo bueno que le había dado la vida:

Es un error decir que soy un triunfador. En la vida he perdido todo: Laura, mi mujer, mi hijo Dino, la primera fábrica, la juventud, la buena vista, la pasión por las mujeres, muchas carreras y muchos coches.

Los que le conocieron dicen de él que era difícil, cínico y un tanto cascarrabias; pero il Commendatore dejó algo para siempre: una marca signo de calidad y distinción, y la escudería más laureada en la historia de la Fórmula Uno.